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Ortomanía

La raya

La raya (—) comparte con el punto y coma (;) el dudoso honor de ser uno de los signos ortográficos más olvidados. Casi no aparecen en la escritura digital cotidiana. Esto se explica, a mi modo de ver, porque: (a) no aparece en el «primer nivel» del teclado, (b) se le confunde con el guión (-) que sí aparece y (c) porque no queda clara su función frente a otros signos.
Respecto al primer inconveniente, ya vimos que basta con escribir el número 1051 mientras mantenemos pulsada la tecla «alt». Las funciones más importantes de la raya son introducir las participaciones en un diálogo y «acotar oraciones incidentales» (Sousa, 2003). Ahora bien, en este último uso ¿qué criterio usamos para distinguirlo del paréntesis y las comas? En general podemos decir que la raya ocupa un lugar intermedio de acotación entre el menos fuerte, las comas, y el más abrupto, el paréntesis. Es decir, graficamente podíamos establecer la jerarquía de las acotaciones así: ,—()—, primero las comas, para las interrupciones menos marcadas; después la raya y, por último, el paréntesis para las más fuertes.
La condición previa —aceptar la tregua— no fue aceptada. Comparemos con La condición previa, aceptar la tregua, no fue aceptada o La condición previa (aceptar la tregua) no fue aceptada.
En cualquier caso, conviene no confundir la raya (—) con el guión (-) cuya función más conocida es la de separar las sílabas de una palabra al final de una línea en un párrafo.
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